lunes, 15 de agosto de 2011

Mi cajita de música

Y sí, gracias a una colega, rescaté a esta mujer...Adele. Ella y Norah Jones son puntos clave.




Deja que el río te lleve al mar

Desde hace algunos años he venido siendo partidaria de pensar que todo en la vida pasar por algo, que las personas llegan y se van, su presencia es transitoria pero que todos, absolutamente todos, por corta que sea su estancia, nos enseñan algo.

Esto siempre lo he pensado pero este fin de semana tuve una revelación. Sí, una revelación de esas como exóticas que llegan y te dejan con la boca abierta. Hace mucho tiempo no analizaba la vida en todas sus magnitudes, en su ancho y largo, pero el sábado lo hice, sin pensar que lo haría porque ese no era mi objetivo...es más, no tenía un objetivo.

Yo he hablado con muchas personas, de todos los pensamientos, profesiones. Por mis ojos han pasado cantidad de interlocutores y sé que me faltan muchos, pero el del sábado fue muy extraño, no para mal, por el contrario, para bien.

Resulta que me siento a conversar, creí que sería algo de trabajo, como la mayoría de conversaciones que tengo últimamente, pero sin darme cuenta nos desviamos. El universo y sus energías fueron el punto de la noche, "lo que conviene llega, lo que no se va. No hay que meterle tanta cabeza al cuento...", fueron algunas de las cosas que me dijo y sí. Ahí es cuando la angustia me invadió.

En realidad, desde hace algunos días me he dado cuenta que pienso mucho las cosas, más de lo que debería. Esto no significa que yo no sea feliz, por el contrario, soy muy feliz, inmensamente afortunada y me siento muy contenta, pero le echo tanta cabeza a las cosas que al final del día terminan sin tener sentido.

Durante la charla analicé todos los ámbitos de mi vida y pensé en varias ocasiones que aunque el objetivo de MI existencia es ser feliz, muchas veces uno pone muchas "trampas mentales" para no serlo. Es increíble encontrar la felicidad en cosas pequeñas como una mariposa, una flor, una canción, amar lo que se hace, amar el olor de la mañana, los colores del mundo, pero como uno está tan ocupado analizando lo que le falta, deja pasar lo que tiene.

Deja que el río te lleve al mar
La lección de la noche fue aprendida: "Laura, deja que el río te lleve al mar". Creo que pocas frases habían causado en mí  tanto impacto, puso en perspectiva todo lo que pienso, lo que siento y lo que creo que viene. No sé, no sé porqué no puedo de pensar en ella. Demás que mis amigos, cuando decían que "el que piensa pierde", tenían razón. Nunca les creí pero hoy en día veo que es cierto.

Que el río me lleve al mar significa que debo relajarme mientras pasan los arrollos, sentir el sonido de la naturaleza mientras bajo con la corriente. Si antes pensaba mucho en todo, ahora pienso mucho en no pensar tanto.

No me gusta mucho tener conexiones, me dan susto, pero sí las he tenido. No sé si son una bendición o una maldición, la tuve y me gusta, me hace pensar que debo dejar que el río me lleve al mar...y bastante falta que me hace dejarme llevar.